domingo, 15 de febrero de 2015

Tras la máscara

   Realmente yo no quería disfrazarme, pero la insistencia de mis amigos acabó por convencerme. Habíamos terminado los exámenes de la Universidad y estábamos decididos a quemar la noche de Carnaval. Al final, me disfracé de uno de mis superhéroes favoritos: Batman; amigos inseparables en las largas tardes de invierno, luchando mano a mano contra todo mal que amenazara Gotham. Y esa noche, parapetado bajo su capa, quise zanjar un tema que llevaba pendiente demasiado tiempo.
   La máscara cubre la mayor parte de mi cara y ni yo mismo soy capaz de reconocerme en el espejo. Por suerte mis horas de gimnasio han hecho su efecto consiguiendo disimular esa incipiente barriga que se había convertido en compañera fiel en los últimos meses.
   Pasan las horas y las copas también me ayudan en mi decisión. Protegido por el anonimato del disfraz, comienzo mi búsqueda. El pueblo se me hace inmenso ahora que he decidido encontrarte.
   Me cruzo con remolinos de colores: payasos, monstruos, duendes,… Marchan en tropel hacia la plaza. Me cuesta avanzar contra corriente. No sé dónde andarás, sólo que tus amigas y tú vais vestidas de revoltosas hadas. Ese disfraz va contigo, con tu personalidad, alegre, dulce, mágica. El hada de los cuentos de los Hermanos Grimm que todos hemos imaginado alguna vez.
   Por fin llego a la Sala de Fiestas. Nadie me reconoce al entrar. Mejor. No se esperan que alguien como yo se haya dejado llevar por el espíritu burlón del Carnaval. Me gusta, ahora formo parte del personaje y el personaje forma parte de mí.
   La sala está casi llena. Veo piratas, hippies, un bombero abrazado a un diablo. Intrépidas cazadoras disparan serpentinas de colores a una manada de panteras rosas. Un desvencijado Rey Arturo apura a Ginebra en una copa al fondo de la barra. Y justo al lado, unas chicas charlan a voces. Tú. Un hada azul, de alas grandes y puntiagudas que sobresalen por encima de tu cabeza. Con la cara llena de purpurina y un vestido de lentejuelas que brillan con los golpes de  luz. Estás preciosa. Realmente eres el hada que todos querríamos tener. Delicada, deliciosa. Con los rizos cayéndote en los hombros y el vestido ceñido a la cintura por un estrecho cordón plateado.
   Ahora, sólo tengo que acercarme… Y, en mi mundo, todo se detiene. Ya no oigo voces, ni música. Nada. Ya sólo pienso en lo que he venido a hacer . Voy directo hacia ti y parece que la gente se aparta a mi paso dejándome llegar a tu lado en un puñado de zancadas. Pongo mi mano en tu hombro, te giras y me miras desconfiada:
   -¿Quién eres?
   Sin decir nada, te cojo suavemente de la barbilla y levanto tu cara. Entonces, sintiendo que mi corazón está a punto de salir huyendo, me acerco y te beso. Despacio. Saboreando tus labios jugosos, con el intenso mentol del caramelo que esconde tu boca. Son míos, aunque solo sea en este momento.
   Llevaba tanto tiempo esperándolo. Pero lo bueno se acaba y nuestro beso también. Me retiro despacio y te observo, aún con los ojos cerrados. Inmóvil, pensando, parada en el instante del beso. "Ya está", pienso, "ahora reaccionará y me llevaré un tortazo tan memorable como el de Gilda…". Pero ha merecido la pena. Nunca sabrás quién se esconde tras la máscara. Y para  mí quedará este beso perfecto. No habrá más ocasiones, soy demasiado tímido para atreverme a hacer esto sin el disfraz.
   Los segundos se me hacen eternos y viendo que no reaccionas, hago amago de marcharme pero, entonces, siento tu mano sujetándome del brazo. Tiras suavemente de mí, para que me acerque. Te acercas despacio y noto tu aliento cálido rozando en mi oído:
   -Que bien que por fin te hayas decidido, Diego.
   Y allí, junto a un arlequín con el maquillaje corrido por la risa, una bruja de uñas largas y verdes, un vaquero sin revólver, en mitad del caos, un hada azul se abraza a un superhéroe.

Imagen:
http://justrenn.deviantart.com/art/Carnaval-de-Venecia-125489070

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