jueves, 18 de junio de 2015

En el andén



Algo tendrían que contar las estaciones de tren.
Esta, por ejemplo. Una estación sin encanto del Madrid construido a base de humo y de historias sin apuntalar. Despedidas amargas, mentiras que se desvanecen con el ruido del tren al marchar. Encuentros felices y fugaces que se olvidarán al doblar la esquina de la memoria. Reencuentros permitidos o clandestinos, de amor con pasión y de sólo sexo…
Instantes que anudan la garganta, como ahora,  porque quiero, por dependencia, por saber que la oscuridad desfila en retirada y te vas. Lejos. En este tren que te lleva de regreso a sus brazos y me olvida en el andén por enésima vez.
Y en el camino, nos dejamos las maletas, los recuerdos, los besos y la mitad del alma, a trozos, desperdigados por el suelo, pisoteados por las prisas de los que pasan sin caer en la cuenta de que ésta será la última vez que te vea.

martes, 16 de junio de 2015

Victoria



(La televisión nos muestra un hombre con smoking que sube a un escenario a recoger un premio, mientras, el público aplaude puesto en pie)

Gracias a todos… Dicen que los premios a toda una carrera suelen ser los últimos que te dan. Aprovechemos el momento.

(Risas y aplausos. El hombre levanta la mano pidiendo silencio).

Gracias… Muchas gracias… He llegado hasta aquí, a pesar de alguna que otra zancadilla. Siempre he intentado hacer las cosas bien, de corazón, aunque alguna vez haya podido herir a alguien. He estado al lado de quién me ha necesitado, y lo sabéis, y lo que he conseguido lo he logrado gracias a mi esfuerzo, nunca aprovechándome de nadie.

(Los compañeros aplauden con fuerza).

En esta vida me he cruzado con gente buena. Muy buena. De esa que no quiero perder y que llevo aquí, en este corazón al que ya le van fallando las pilas.
También me he encontrado con gente mala. Muy mala. Grandes hijos de… que no merecen un hueco aquí.

(Se vuelve a dar un par de palmadas sobre el pecho).

Todos sabemos que éste es mi último premio. Está claro que ya miro la vida por el retrovisor … Soy mayor. Muy mayor. Mayor incluso para ser mayor. Y, como tal, me puedo permitir el lujo de decir cualquier cosa.
Decir, por ejemplo, que nunca me he leído el “Ulises” de Joice, ni pienso hacerlo. Que la voz de José Guardiola es mil veces mejor que la de Bogart, aunque los puritanos de la versión original se me echen al cuello. Y también puedo decir que Victoria Leiva va a llegar tan lejos como ella quiera, no lo dudéis.

(Se oyen aplausos. La pantalla nos muestra a una mujer con un vestido de escote escandaloso que sonríe con satisfacción).

Sí, Victoria. No puedo dejar de nombrarte en éste, mi último discurso.

(Coge aire).

Te recuerdo cuando llegaste a Madrid. Una joven llena de entusiasmo, preciosa, con más jeta que talento a la hora de actuar y con un manejo en los idiomas que pronto te abrió las puertas… de todos los dormitorios. Te aseguro que jamás he conocido a otra como tú.

(La mujer se pone seria, con un gesto que pasa de la sorpresa a la indignación).

Y así, cama a cama, has llegado dónde estás, Victoria. Si hubiera un premio a la más trepa, sin duda, te lo darían a ti… No me mires así, mujer, te aseguro que te lo has ganado a pulso.

(Colorada de ira, la mujer está a punto de levantarse).

No te vayas, preciosa, aquí todos sabemos de lo que estamos hablando.

(El público murmura. La pantalla se divide, mostrando al hombre a la derecha y a la mujer a la izquierda).

Cuando te arrimaste a mí, pensé que realmente era por pura admiración. Venías con ganas de aprender. Y sin esperar nada a cambio, y quién me conoce sabe que esto es así, te ofrecí mi ayuda  para conseguir tu sueño. Sin apenas darme cuenta, te tenía dentro de mi cama y pensé que, en el fondo, no estaba tan mayor si aún conseguía despertar esos deseos en una joven como tú. ¡Error! Está claro que lo tuyo es la interpretación, preciosa. Ojala fueras  tan buena en pantalla como lo eres fingiendo en la vida real.

(Algunos aplauden y la mujer se gira para descubrir quiénes son).

Tu carrera empezó a despegar y cada vez tenías más compromisos… de cama, probablemente. Y me fui quedando en un segundo plano, tercero… hasta desaparecer de escena.
Después, te veía en fiestas, colgada del brazo del tipo de moda, y yo pensaba: «¿Qué tendrá ese que no tengo yo?».
¡Éxito! Eso era lo único que tenían: éxito. Cinco minutos de gloria. Eso es lo único que buscas, Victoria, y eres capaz de cualquier cosa con tal de tener tus cinco minutos. Esa es la razón de que hayas regresado a mi vida, porque hoy, por este rato, yo soy ese tipo de éxito.
Pero soy generoso y, como ves, te he cedido mis cinco minutos.

(El público rompe en aplausos).

En fin, termino ya, lo prometo.
Gracias por este premio, significa mucho para mí. No sólo porque me ha recordado que hay quien me quiere bien sino, y esto es exclusivamente para ti, Victoria, me ha servido para darme cuenta de que todos estos años deseando que volvieras han sido una pérdida de tiempo.
Búscate un taxi, preciosa. No seré yo quién te lleve de vuelta a casa.

(Gran ovación de los compañeros puestos en pie. El hombre coge el premio y  palidece).

Gracias a todos por vuestra paciencia… pero Lo tenía que decir antes de que me rompiera del todo el corazón.

(Continúan los aplausos. El hombre hace un gesto de dolor y Se echa la mano al pecho. Cae la estatuilla con gran estruendo. Vemos al hombre desplomarse y la imagen se funde a negro. Oímos gritos y una voz desesperada pidiendo un médico).

sábado, 13 de junio de 2015

Con voz propia: Aurora González


“De película”: hay historias que se cuentan desde la pantalla y otras desde las butacas.

“Siempre fuiste un cobarde, lástima que la oscuridad de la sala no me permitiera verlo en nuestra primera cita”.

Todos acudimos al cine para dejarnos embaucar por historias contadas con mejor o peor acierto. Pero, a veces, las historias también surgen entre las butacas con la misma intensidad, o quizá mayor, que las de la propia pantalla.

Este relato está cuajado de referencias someras al cine clásico de Hollywood: a sus películas, a sus actores e, incluso, a alguna frase que ya forma parte del imaginario colectivo, dibujándonos una historia de amor que, perfectamente, podría acabar siendo el guión de cualquier película.

Esta vez, contamos con la deliciosa voz de Aurora González, que                    ya fue mi dulce Nuria en el relato sonoro “Gabriel”, junto a Alfonso Laguna. Aurora consigue darle ese punto melancólico que la historia pide, trasladándonos a ese momento en que las luces se apagan dentro de la sala y, mezclándose con las bandas sonoras de los cines clásicos al más puro estilo Roxy, podemos ver como evoluciona la “película” que nos quiere contar.

Logra que nos sintamos espectadores en primicia de una historia que comienza con el aire bajo la falda en “La tentación vive arriba”. Gracias, Aurora, por llevarnos de la mano a través de un puñado de líneas que se convierten en una película para nuestro disfrute. Queda demostrado así el poder de la voz.



miércoles, 10 de junio de 2015

Lluvia



   De regreso a casa, bajo la lluvia que cae despiadada sobre  la ciudad, borrando tus huellas, nuestras caricias clandestinas en cada uno de sus rincones, el calor de una primavera, sin prisas ni remordimientos, que termina para nosotros porque tiene que terminar.
   El falso frío se cuela bajo mi ropa intentando ocupar tu vacío. Registro los bolsillos de mi chaqueta en busca del móvil, aunque me prometí no llamarte más. Pero Ya no está tu número en la memoria, olvidé que lo había borrado la última noche, igual que había olvidado lo mucho que te echo de menos.
   Me tropiezo con la lluvia que huye despavorida por mi calle arrasando con mi promesa, arrastrando las hojas, mis pasos, tus besos.

Imagen:
http://www.deviantart.com/art/Rain-43956193