viernes, 13 de mayo de 2016

"Gustavo", con la voz de Jos Gómez



No lo tenía pensado, la verdad. Pero, después de que varios de vosotr@s me lo hayáis recordado…
Aquí va un cuento de miedo, en honor a este viernes 13, de la mano —mejor dicho, de la voz— de Jos Gómez que, de forma magistral, se mete bajo la piel de Gustavo, un tipo… Peculiar.
Disfrutadlo (o sufridlo).




jueves, 12 de mayo de 2016

Profundidades


Y en mitad de la sala vacía, cuando las campanas de la iglesia rompieron el silencio, María subió a la superficie de las páginas, dando una tremenda bocanada de aire. Apoyándose en el borde del libro, con esfuerzo, consiguió salir de la marea de palabras que la empapaba.
Por unos segundos, se quedó sentada en el borde de la mesa, recuperando el aliento, ahora que, por fin, estaba en tierra firme. Se retorció el pelo hasta lograr que cayeran las últimas letras que aún goteaban, formando un charquito de sílabas en el suelo, y sacudió de sus manos frases completas  que, como algas pegajosas, se le habían quedado enredadas entre los dedos.
Se giró y volvió a mirar a las profundidades del libro. Y allí estaban, suspendidos en el último renglón de la página, el Capitán Nemo, a punto de enfrentarse al gigantesco pulpo que, con sus interminables tentáculos, había conseguido atrapar al escurridizo Nautilus.
Suspiró y cerró el libro, con cuidado, tratando de no empapar, aún más, la mesa de la biblioteca con el agua que se desbordaba por los márgenes.
Se acercó a la estantería que guardaba todas las obras de Julio Verne y, poniéndose de puntillas, dejó el libro en el hueco que le correspondía, despacio, sin agitar demasiado su interior.
Y, chapoteando entre historias a medio terminar, dejando tras de sí un reguero de vocales y consonantes, regresó a casa, deseando volver al día siguiente para zambullirse, de nuevo, en las profundidades del libro.

Imagen:
http://whitebook.deviantart.com/art/The-Water-Book-88384567

miércoles, 11 de mayo de 2016

Julia. ('Con nombre propio')



Siempre tuve alergia a los gatos y al final he acabado viviendo con uno. Julia es pura sensualidad, incluso cuando duerme acurrucada a mi lado, envuelta en carísimos camisones que compra cuando está aburrida, abrazada a delicadas almohadas que renueva siempre que le viene en gana y oliendo al último perfume del diseñador que esté de moda.
Pero Julia es mía. Tan felina y traicionera como tierna y pasional. Cara de mantener, cierto, pero mía.
Cuando despliega sus encantos en mi cama, entonces, todo gasto ha merecido la pena. Ardiente y salvaje, pero a la vez mimosa e inocente, se roza contra mi cuerpo, sinuosa, despertándome mil sensaciones. Me clava las uñas en la espalda cuando el placer la consume y, después, duerme tranquila, conmigo, junto a mí.
A su manera, me quiere y, a su manera, me lo demuestra. Y yo pierdo la cabeza, enfermo de deseo, sólo con saber que ella me espera en casa.
Es caprichosa, tozuda, egoísta y desconfiada, quizá traicionera, siempre pasional, dulce, ardiente… Una gata con un cuerpo que me vuelve loco: joven, firme, suave. Hace de mí lo que quiere, pero es conmigo con quien quiere hacerlo.
Siempre tuve alergia a los gatos y al final he acabado viviendo con uno. Julia es pura sensualidad, incluso cuando duerme acurrucada a mi lado, envuelta en carísimos camisones que compra cuando está aburrida, abrazada a delicadas almohadas que renueva siempre que le viene en gana y oliendo al último perfume del diseñador que esté de moda.
Pero Julia es mía. Tan felina y traicionera como tierna y pasional. Cara de mantener, cierto, pero mía.
Cuando despliega sus encantos en mi cama, entonces, todo gasto ha merecido la pena. Ardiente y salvaje, pero a la vez mimosa e inocente, se roza contra mi cuerpo, sinuosa, despertándome mil sensaciones. Me clava las uñas en la espalda cuando el placer la consume y, después, duerme tranquila, conmigo, junto a mí.
A su manera, me quiere y, a su manera, me lo demuestra. Y yo pierdo la cabeza, enfermo de deseo, sólo con saber que ella me espera en casa.
Es caprichosa, tozuda, egoísta y desconfiada, quizá traicionera, siempre pasional, dulce, ardiente… Una gata con un cuerpo que me vuelve loco: joven, firme, suave. Hace de mí lo que quiere, pero es conmigo con quien quiere hacerlo.
(…)

martes, 3 de mayo de 2016

Isabel. ('Con nombre propio')



El constante pitido del despertador me devuelve a la realidad y, aunque en el fondo quiero lanzarlo por la ventana por despertarme en otro día infernal de trabajo, hago todo lo posible para enfrentarme con dignidad a esta nueva jornada.
Hoy no voy a consentir que me suceda lo mismo de ayer. Tantos años de estudio para conseguir plaza en este instituto, no voy a tirarlos por la borda por culpa de cuatro malcriados que intentan medir sus fuerzas diariamente conmigo.
Al principio no era así. Estaba orgullosa de mis chicos, de sus logros, del buen ambiente que se había conseguido en la clase y del alto nivel académico que estábamos consiguiendo a base de trabajo constante.
Pero el tiempo lo estropea todo y mis chicos fueron creciendo y cambiando. Aunque seguían siendo aplicados y buenos estudiantes, algunas de las manzanas de mi cesto se han ido pudriendo por culpa… no sé muy bien de qué.
Las clases se fueron convirtiendo en una batalla constante entre ellos y yo. Me sentía tan sola. No sabía qué hacer, intentando mantener mi autoridad pero sin el apoyo de nadie, si acaso alguno de mis alumnos pero poco más. La dirección, el claustro y sus propios padres se lavaron las manos, achacando el problema a que yo no era capaz de llevar la clase, a que quizá eso "no era lo mío". (…)

martes, 26 de abril de 2016

Alex. ('Con nombre propio')




El despertador, implacable, le tira de la cama. Hubiera preferido quedarse con ella un par de horas más, acurrucado entre las sábanas. Está convencido de que acabará llegando tarde a la reunión. Maldito tráfico en hora punta. Es lo que tiene vivir a las afueras de la gran ciudad: una inmensa casa con jardín, pero ni siquiera ha amanecido y ya tiene que levantarse. Por un segundo, se ve tentado de encender la luz de la mesilla pero piensa en ella que duerme plácidamente y decide no hacerlo para no despertarla.
(…)
Respira profundamente y se pone la chaqueta, resignado. Al abrochársela se percata de que olvida su cinturón. Vuelve a la cama y rebusca entre las sábanas hasta dar con el cuerpo de ella. Recorre los hombros, los brazos, las muñecas a la espalda y su cinturón, atado con fuerza. Lo desata y lo desliza suavemente. Ese sonido eriza su curiosidad y no puede reprimir las ganas de encender la luz.
La pequeña lámpara de mesa ilumina la escena. Ella, tumbada boca abajo, con las manos aún a la espalda y unas marcas rojizas en las muñecas que denotan que las ataduras se han prolongado demasiado en el tiempo. Él sonríe, satisfecho. "Al menos en nuestro juego sigo llevando yo las riendas".