domingo, 19 de marzo de 2017

Las apariencias engañan



—Por favor, lléveme a la calle Ponzano.
Un hombre joven, bien parecido, se ha subido a mi taxi, con decisión y una mochila azul oscuro. Lo observo a través del retrovisor, sorprendido por su petición.
—Caballero, la calle Ponzano está a la vuelta de la esquina.
—Lo sé —contesta con firmeza—, pero usted lléveme. Solo le pido que dé un par de vueltas por ahí antes de llegar. Necesito hacer una cosa.
Le observo sin moverme. Estoy cansado de recoger a todo  tipo de gente rara, aunque nunca había tropezado con alguien así: aparentemente sobrio y bien vestido, con cara de buena persona y una voz agradable y coherente. Huele bien, sin duda, a recién duchado, diría yo. Me sonríe a través del retrovisor y sus dientes blancos, perfectos, me demuestran que no es un colgado… Pero, de siempre se ha dicho que las apariencias engañan.
A pesar de que yo aún no he aceptado llevarle a ningún sitio, comienza a sacar de la mochila azul una estrafalaria camisa amarillo chillón. Retorciéndose en el asiento trasero, se la coloca y abrocha con bastante torpeza.
—Por favor, muévase… —implora. Dé un par de vueltas a la manzana, no tardaré demasiado en estar listo.
La voz ha perdido firmeza y, aburrido por llevar toda la tarde sentado esperando clientes, arranco el coche y comienzo a vagar por la ciudad que despierta de su siesta.
—¿Qué está haciendo? le pregunto, a pesar de ver, claramente, que se está disfrazando de algo, que todavía no soy capaz de adivinar, a velocidad vertiginosa.
Saca cosas de la mochila y guarda otras, en un  ejercicio metódicamente estudiado. No hay ropa revuelta por el asiento y, a pesar de todo, va consiguiendo su objetivo de transformación.
—hoy es el cumpleaños de mi hija pequeña —comienza a decirme, mientras se contorsiona para subirse unos pantalones a cuadros tres tallas más grandes—. La niña siempre ha querido un payaso en su fiesta…
Cesa su relato porque, con los labios, sujeta una enorme pajarita roja que acaba de sacar de la mochila. Rebusca en el bolsillo de un lateral y saca un diminuto imperdible, que utiliza para fijar la estrambótica pajarita al cuello de la camisa.
—¡Ah! Ya entiendo… Y usted será el payaso de la fiesta. Un detalle muy bonito.
Me mira, clavando sus ojos oscuros, enrojecidos, en el espejo y niega con la cabeza.
—Odio los payasos. Les tengo miedo desde niño…, pero es la única manera. —Rebusca dentro de la bolsa. Solo tengo que maquillarme y ponerme la peluca y el gorro. Usted siga dando vueltas.
—¿Odia los payasos? Vaya… Entonces el esfuerzo es aún mayor.
Con un enorme espejo sobre las rodillas, el hombre se embadurna la cara con una espesa pintura blanca. Poco a poco, desaparecen los rasgos de aquel misterioso tipo, que se ha montado en mi taxi esta calurosa tarde de agosto, y surge un fantástico ser, de cara blancuzca, con ropas estrambóticas y, de momento, sin peluca ni sombrero.
—Mi mujer… Mi exmujer ha decidido celebrar el cumpleaños de la niña, pero no me ha querido invitar. Será la primera vez que no estaré con ella el día de su cumpleaños… Me enteré, por casualidad, que andaba buscando un payaso para la fiesta y… Bueno, no me lo pensé demasiado. Alquilé el traje, compré algo de maquillaje y llevo semanas ensayando malabares con pelotas de ping-pong. No será lo mismo… porque ella pensará que no estoy allí. Mi mujer… Mi exmujer le ha contado que he tenido que salir de la ciudad por motivos de trabajo; que, como ya no está ella para recordármelo, se me ha olvidado que era su cumpleaños… Eso es mentira —dice tensando las mandíbulas bajo las capas de pintura—, yo nunca olvidaría el día más importante de  mi vida. Mis hijas son lo primero…  Mis hijas son lo único que me queda.
Le observo, congestionado después de contarme su historia, con una ceja a medio maquillar y la bolsa abierta, de la que sobresale una peluca multicolor y un sombrero con una flor, ridículamente tiesa, roja y amarilla, que observa la escena en silencio.
Prefiero no seguir preguntando y la música de la radio se instala entre los dos.
Casi ha terminado. Se coloca la peluca y el sombrerito, mientras yo enfilo ya la calle a la que me ha pedido que lo lleve.
Guarda todo en la mochila y saca la cartera.
—Tengo que pedirle otro favor, caballero.
—Dígame.
—Le importaría quedarse con la mochila. No quiero entrar y que alguien pueda…
—Sí, claro le contesto cómplice.
—En dos horas vuelva a buscarme, ¿sería posible?
—Sí —contesto, demasiado seguro de que la tarde será tranquila y podré darle servicio sin problemas.
—Muchas gracias. ¿Qué tal estoy? —me pregunta sonriente, haciendo un exagerado ademán con las manos enguantadas.
Y ahí está, un payaso al completo: con sus zapatones rojos, que se doblan apoyados en el respaldo del asiento delantero, con un pantalón de cuadros, una chaqueta de rayas de colores, la camisa amarilla, la peluca, el sombrero y la cara blanca, con las cejas gruesas y oscuras y los labios pintados de rojo.
—Se ha pintado una sonrisa demasiado pequeña, caballero. Quizá debería…
El hombre se inclina sobre mi hombro, me suelta un billete de veinte y, mirándome de reojo, contesta:
—no necesito hacerla más grande. Le aseguro que cuando vea a mis hijas, la sonrisa de mi cara será enorme.

Imagen: http://cetrobo.deviantart.com/art/STRESS-255868262

sábado, 31 de diciembre de 2016

Brindemos...



Otro año más llegamos a este día en que toca hacer memoria… Echar la vista atrás y  darnos cuenta de que, este año, ha sido duro pero también dulce, ha sido fuerte y frágil; ha sido una colección de aventuras, certezas, miedos y finales. Pero, también, ha sido  principios, “principios de incertidumbre” que diría aquel, principios  que nos han llevado a lugares a los que no esperábamos  llegar, nunca, jamás. Viajes que nos alejan de lo que, en un principio, queríamos —y creíamos— ser y ya nunca seremos.
Brindemos porque, seguro, ha habido cosas que nos han destrozado por dentro y otras tantas que nos han reconstruido.
Brindemos por las metas: las pasadas, porque las hemos sabido superar, y las futuras, porque serán las culpables de que sigamos soñando.
Brindemos por quien hemos  encontrado en el camino. Por los que se han quedado y han querido continuar con nosotros este viaje. Y, también, por los que se han ido en busca de caminos nuevos por los que continuar su vida.
Brindemos por los que han tenido confianza en nosotros, por los que han pensado que podíamos hacerlo y han acabado por demostrarnos que tenían razón. No es fácil mirarse al espejo sin salir huyendo del reflejo que nos devuelve pero, a veces, alguien viene y, con todo el cariño del que es capaz, nos demuestra quiénes somos y qué podemos llegar a ser.
Brindemos por quienes van por la vida a corazón abierto y por quienes viven encerrados en su coraza, porque, a su manera, nos quieren y, a su manera, nos lo demuestran.
Brindemos por los malos momentos, si, por los malos, porque de ellos y con ellos también se aprende.
Brindemos por este 2016 que se nos escapa de las manos… Porque ha sido maravilloso y triste,  magnífico y malvado, impresionante y decepcionante… Pero, gracias a todas esas sensaciones contradictorias, nos hemos convertido en lo que somos y en lo que vamos a ser a partir de ahora.
Brindemos por los trescientos sesenta y cinco días que tenemos por delante, llenos de cosas nuevas, de sorpresas, de tropiezos, de gentes que llegarán y de otras que se irán. De vida, de vidas. De manos que siempre andarán cerca para recogernos. De voces, de “mis voces”, que son capaces de llevarnos más allá de un puñado de simples letras en un papel.
Brindo con vosotros y por vosotros, porque bien sabéis que os deseo lo mejor. Porque sigáis ahí, dedicando un minuto de vuestro tiempo a mis criaturas, hambrientas de que alguien les preste atención, las acoja y las dé cariño, de que alguien las roce y les insufle vida, de que alguien les dé voz y les convierta en realidad.
Y, por último, brindo por todas las oportunidades que vendrán, porque sepamos verlas a tiempo y no dejemos escapar ni uno solo de los trenes que se crucen en nuestro camino.

¡Demos el último trago a la salud de este 2016 y levantemos la copa para recibir al 2017!

sábado, 24 de diciembre de 2016

Por Navidad... un cuento con voz propia

Llegadas estas fechas y arrasadas —o arrastradas— por el espíritu navideño, mis criaturas y yo queremos haceros un regalo. Y qué mejor que un cuento “Con voz propia”, con dos voces propias, la de David Berzal y Joël Mulachs.
A veces —y por pura casualidad—, la vida te lleva a tropezar con alguien que consigue llamar tu atención con un simple “hola”. Eso fue lo que me sucedió cuando conocí a David Berzal, en mitad del ruido de una estación de tren, despertando mi curiosidad y el interés de una de mis criaturas que, de alguna manera, supo que esa era la voz que andaba buscando.
La actriz que lo acompaña es Joël Mulachs, habitual a la hora de doblar a Scarlett Johansson y voz corporativa de La Sexta.
Y con todos estos ingredientes, con esta colección de grandes y pequeños detalles, se ha creado este cuento de Navidad, con el sabor clásico de mis textos y la locura propia de mis criaturas, destilada gota a gota gracias a la interpretación de “mis nuevas voces”.
Gracias, Joël, por buscarle todas las vueltas y sacarle brillo al texto.
Y gracias, David, por este regalo, por confiar en mi intuición, por dejarte llevar por la historia, poniéndole voz y pasión a este tipo desencantado pero, en el fondo, real, descarnado y sincero.
Aquí os lo dejo. Desenvolved con calma este clásico Cuento de Cat, este atípico cuento de Navidad.


martes, 29 de noviembre de 2016

Una tarde en el Máster de Locución de la URJC



A veces, mis criaturas se llevan a “mis voces” a lugares donde nunca antes han estado… Y, otras veces, son “mis voces” las que arrastran a mis criaturas a sitios en los que jamás imaginaron estar.
En este caso, una de “mis voces”, Claudio Serrano, me ofreció la posibilidad de impartir una clase en el Master de Locución de la URJC.
Aceptado el lance y solo con un breve audio de cada una de las once voces que forman parte de la clase, me puse manos a la obra para encontrarles el traje perfecto, que se ajustara a su medida y que les hiciera desfilar con la elegancia y el estilo que sus voces merecían.
Era un reto, lo sé, complicado de cuajar apenas con una “demo” de un minuto. Pero me encanta que me pongan las cosas difíciles y acabé por encontrar un cuento diferente para los once alumnos que, sin duda, supieron meterse bajo la piel de mis criaturas, de las que ya sabemos todos que tienen siempre algo peculiar que contarnos.
Y con la seguridad que da tener un texto pensado y ajustado exclusivamente para cada uno de ellos, allí nos fuimos mis criaturas y yo, a retorcer historias y sensaciones, para sacarle todo el potencial a un grupo de nuevas voces, distintas, cada una con un matiz singular, que las hace únicas, peculiares, perfectas para encajar con la criatura que les asigné.
La experiencia fue increíble, aprendiendo y contagiándonos, los unos de los otros, de una energía muy especial, que surgió espontánea y con naturalidad. Sacando todo el potencial de una voz en ese punto intermedio entre la locución, el radio teatro, el audiolibro… pero, por encima de todo, la interpretación y la pasión por darle intensidad a un puñado de palabras perdidas en un papel.
Y todo condensado y destilado en apenas un minuto escaso. Donde voz y personaje se convierten en un solo ser. Donde las sensaciones y matices se entrecruzan, se enredan y nos enredan hasta meternos en mitad de una historia de la que sentirnos protagonistas o meros espectadores. Observando o actuando, dejándonos llevar por la fuerza que mis criaturas y sus voces desprenden. Una fuerza que, a veces, te atrapa y, otras, te arrasa.
Y así, aprendiendo y jugando, con seriedad y entre risas, con alguna anécdota y algún consejo, se me pasaron las tres horas de clase en un suspiro.
Ahora, —y permitidme la licencia—, mis alumnos: Aitor, Rocío, Diego, Adrián, Carlos, María Isabel, Enrique, Guillermo, Laura, Pablo y Jaime se han convertido en una de “mis voces”, formando parte de mis criaturas y, de alguna manera, espero que mis criaturas también formen parte de ellos.
Gracias a todo el equipo del Máster, por un trato exquisito y por ponérmelo tan fácil: David, María, Pablo, Isabel, Jose… Y, en especial, a Claudio Serrano, por brindarme esta oportunidad, por apostar por mí (y por mis criaturas), demostrando, una vez más, que la voz es el mejor instrumento para transmitir emociones, si se aprende bien a usarlo.
¡Pasen y oigan!


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viernes, 11 de noviembre de 2016

EL PODER DE LA VOZ II



Quiero compartir esto con vosotros, ahora que ya están todos los vídeos en youtube.
Disfrutad de la 2ª edición de EL PODER DE LA VOZ.
Este año contábamos con las voces de Txemi del Olmo, Chelo Molina, Juan Carlos Gustems, Sonia Latorre, Ana Valéiras, Alfonso Vallés, Ruperto Ares, Carlos ysbert, Claudio Serrano y Carlos Moreno Palomeque, director y el artífice de toda esta idea.
Aquí podéis disfrutar del evento al completo, con la fabulosa presentación a cargo de Jesús Olmedo y unos dibujos fabulosos con el sello de Elena Urizar.
Mis criaturas están eufóricas por haber tenido la suerte de encontrar voces tan espléndidas para volver a casa. Y, por supuesto, como madre de las criaturas, podéis imaginar lo orgullosa que me siento de volver a llenar el Teatro Victoria de Talavera, por una buena causa.
Gracias a todos los que estuvisteis y, a los que no os pudisteis acercar, aquí tenéis la prueba gráfica del nivel que alcanzó este proyecto que demuestra, año tras año, EL PODER DE LA VOZ.