lunes, 10 de diciembre de 2018

Empezamos la cuenta atrás...

Después de tanto tiempo sin publicar algo nuevo, ya tocaba sacar a pasear a mis criaturas en una nueva y flamante antología.
Algunos de los relatos que podréis leer en esta colección, se pueden encontrar —en una versión adaptada— en mi canal de Youtube, interpretados por algunos de los mejores actores de doblaje del país.
Esta vez tenemos treinta historias, treinta personajes, treinta criaturas que nos abren las puertas a su interior y nos cuentan, a su manera, lo que ellas ven y lo que ellas quieren que veamos.
Una antología que cuenta con una deliciosa portada creada por Diego García Castillo, donde el color y el diseño encierran el alma de los cuentos que forman este viaje, urbano y personal, a través de treinta personajes y treinta historias, donde las cosas no suelen ser lo que parecen.
Mis criaturas están impacientes… En esta semana verá la luz este nuevo libro: Cuentos de Metro.
Empezamos la cuenta atrás….


miércoles, 24 de octubre de 2018

EL PODER DE LA VOZ IV


Lo suyo es escribir un texto largo y detallado haciendo crónica de la última edición de EL PODER DE LA VOZ. Contar lo que sentimos, contar lo que vivimos, contar…
Pero eso es imposible esta vez. No hay palabras que puedan describir las emociones que vivimos el pasado día 20 de octubre.
Por eso, y de momento hasta que estén los vídeos de la Gala, os dejo con un reportaje delicioso que han hecho los compañeros de TodoTalavera.

Gracias a todos los que hicieron posible esta CUARTA EDICIÓN.

martes, 31 de julio de 2018

Siete años, site cuentos: K DE PICAS


Y llegamos al último día del mes con el último de mis favoritos: K DE PICAS.

“El poder de la voz”: un cuento dedicado al doblaje, a los actores de doblaje que tan importantes son para mis criaturas, para mis cuentos y para mí. Y estaba claro quién tenía que ser el responsable de interpretar este texto: Don José Fernández Mediavilla, Pepe Mediavilla.

Voz inconfundible, tristemente desaparecido el pasado mes de abril, y que fue el responsable de abrir la 1ª edición de EL PODER DE LA VOZ (y de cerrar, juntos a sus hijos, la última edición).

Hecho a medida, por y para él, recopilando detalles de su vida y sus propias palabras al hablar de su profesión.

Quise que, poniéndole a él, a Pepe, como ejemplo, sintiéramos lo que vive un actor de doblaje cuando trabaja, cuando sale a la calle pasando desapercibido, cuando la inmensa mayoría de la sociedad no reconoce su trabajo y como, a pesar de lo ingrato que pueda resultar, sigue haciendo magia y dándonos escenas para el recuerdo.

 Un cuento que, tras la muerte de Pepe, os confieso que  no he sido capaz de volver a escuchar. Un cuento que transmite ternura y pasión, que nos hace sonreír y nos emociona también, como Pepe, con su socarronería y sus anécdotas, con sus consejos y sus lecciones, como MAESTRO que era, como MAESTRO que es.

Y así cerramos esta celebración, estos siete años de criaturas, de historias que nacen y mueren, de aventuras que continúan vivas mientras les prestamos atención, de noches en blanco y días de sueño, de obsesiones y necesidad de contar, de escenarios, de estudios, de actores y actrices, de sonrisas y alguna lágrima furtiva, de vidas, de palabras y voces… ¡Por otros siete años más!




En recuerdo de Pepe Mediavilla. «Tu princesa te echa de menos».

lunes, 30 de julio de 2018

Siete años, siete cuentos: Q DE PICAS


El tiempo pasa y los cuentos desfilan… Hoy toca la Q DE PICAS: “Vecinos”, aunque no sé yo si debería llamarlo cuento… porque, ciertamente, es más un “microteatro”.

Una casa, un escritor, un violín y una obsesión: estos podrían ser los pilares de esta historia que, a pesar de estar pensada para ser un cuento al uso, acabó convirtiéndose en una de las ficciones sonoras de EL PODER DE LA VOZ con más éxito de todas las ediciones. Y digo esto porque, para mi sorpresa y regocijo de mis criaturas, fue la primera vez que se interrumpe la lectura por los aplausos del público. Pero creo que los verdaderos responsables de esa explosión del público fueron los actores que dieron vida a la historia: Héctor Cantolla y Gus Cantolla.

Os contaré un secreto: esta historia está basada en un hecho real… Solo en parte, claro. Una amiga me contó que su vecina no paraba de practicar con un violonchelo y yo, que convierto el más mínimo detalle en algo que contar, decidí darle una vuelta de tuerca e inventar este “Vecinos”, que tantas alegrías me ha dado.

Apaga la luz, hazme caso, siéntate en el salón de tu casa, dale al play y cierra los ojos…





domingo, 29 de julio de 2018

Siete años, siete cuentos: J DE PICAS


Vamos llegando a final de mes y también al pódium de estos siete cuentos, que han servido para celebrar estos siete años dándole a la tecla.

Y vamos con la J DE PICAS: “Sara”. Una historia con nombre de mujer pero evocada e interpretada por un hombre: Eduardo Gutiérrez. Imposible no añadir aquí que, como buen actor que es, me robó el corazón con esa manera tan deliciosa que tiene para decir “vidriosos”.

Una historia que habla de la decadencia y la vida decadente que nos rodea. Y, a su vez, nos dibuja el lujo y la elegancia de esas fiestas en las que fingimos ser felices y cometemos excesos, apelando al hecho de que «los demás también lo hacen».

Un cuento que nació de su escena final y que, poco a poco, a base de escuchar jazz melódico y de dejarme influir por alguna película de la época clásica de Hollywood, fue tomando forma hasta convertirse en un cuerpo desmejorado y huesudo, enfundado en un precioso vestido de satén rojo.

Hay varias versiones de este cuento. Una de estudio, en solitario, otra en el teatro, acompañado de Beatriz Melgares, y una en papel, negro sobre blanco.  Como comprenderéis, os dejo la versión en vivo y en directo en el teatro de Talavera.

Venid a la fiesta y, copa en mano, observemos a Sara, que se deja caer sobre la barra, envuelta en ese halo de misterio que siempre me fascinó.






sábado, 28 de julio de 2018

Siete años, siete cuentos: CUATRO DE PICAS


Siete años, siete cuentos: “Tengo superpoderes”

Y continuamos con otro de mis cuentos favoritos: CUATRO DE PICAS.

Este relato, donde Lucía nos cuenta como es su vida, es un reflejo de las miles de personas ciegas que viven su realidad de una forma positiva y peculiar.

La idea surge por una colaboración en uno de los blogs de MadridActual. Cuando me pidieron que escribiera algo, no demasiado largo, sobre la temática que a mí más me apeteciera…, pensé en contar la realidad desde el punto de vista de una persona ciega.

Lucía me ha dado grandes alegrías y ha puesto el dedo en la yaga de la incomprensión y la invisibilidad del mundo “vidente” en el que nos movemos. Un mundo del que tendemos a excluir a cualquiera que no cumpla los requisitos estandarizados de normalidad.

Os dejo la versión escrita y la versión sonora, con la voz de Sonia Ramírez, actriz protagonista del cortometraje “Para Sonia”.

Disfrutadlo.



TENGO SUPERPODERES

   Aún no son las ocho de la mañana y aquí me tenéis: helada de frío, sentada en un banco frente a mi casa, con el abrigo encajado hasta los ojos, esperando a mi taxista de cabecera.
   Me llamo Lucía, llego tarde a una reunión  y soy ciega.
   No me gusta presentarme así, por la misma razón que cualquiera que esté esperando el autobús no dice: «Hola. Me llamo Jaime, voy a coger el 43 y tengo mononucleosis». Pero es que más de uno (y de dos) me ha tachado de borde por no saludarle, así que yo ya lo voy avisando por si las moscas.
      Tengo superpoderes. Pensaréis que estoy loca y quizá tengáis razón, claro que para trabajar en mi gremio hay que tener un toque de locura, pero es la verdad: tengo capacidades especiales que los demás (la gran mayoría) no tienen.
   Si entramos en un café, podría deciros que la señora de la última mesa, en realidad, se está tomando un carajillo (y son las nueve de la mañana) o que el tipo de nuestra derecha viene del gimnasio y ha decidido no ducharse (gran error por su parte).
   También soy capaz de mantener una conversación mientras escucho las otras tres que hay a nuestro alrededor, saber el importe de la moneda que se  acaba de caer o la talla de un pantalón sin necesidad de buscarle la etiqueta.   Puedo haceros la mayoría de los cálculos matemáticos, sin tirar de calculadora, y he desarrollado una memoria prodigiosa a la hora de recordar números de teléfono, fechas, calles, convirtiéndome en una agenda con patas, muy solicitada entre mis amistades.
   Me encanta descubrir qué me han regalado sólo con la avanzadilla de coger el paquete, agitarlo, apretarlo y soltar la bomba: “es un juego de pulseras con cuentas de madera», dejando sorprendidas a las visitas con mis dotes adivinatorias. Descubrir quién es quién con un simple «hola» cazado al vuelo. O, con mi súper sentido del gusto, ser capaz de descodificar un sabor hasta reducirlo a un puñado de ingredientes.
   A estas alturas estaréis pensando que soy rara. No, yo no. La enfermedad que tengo, retinosis, sí que lo es, aunque a mí no me gusta catalogarla así, (realmente, no me gusta catalogar nada). Prefiero decir que es “exclusiva” porque somos pocos los que la tenemos. Eso nos convierte en personas únicas e irrepetibles que se mueven por la ciudad (y por la vida) haciendo uso de sus superpoderes.
   Quizá penséis que es una pena vivir así, sin poder disfrutar de los colores de un atardecer, de una película o del tipo guapo que se me ha sentado al lado en el metro. No lo veo, es cierto, pero ¿no creéis que si fuera tan importante ver, todos podríamos hacerlo? Yo puedo sentir el calor de ese atardecer, disfrutar de las fabulosas voces de nuestros actores de doblaje o, si la cosa sale bien, quizá descubra que, bajo el llamativo envoltorio  del chico guapo del metro, hay alguien mil veces mejor.
   Yo no le doy demasiada importancia a estos detalles de mi día a día pero, ciertamente, mi vida es una colección de retos que me obligan a estar activa, despierta, porque si el “juego” me resultara demasiado fácil sería muy aburrido.
Ahí llega mi taxi. Las prisas me reclaman. Nos vemos...




viernes, 27 de julio de 2018

Siete años, siete cuentos: TRES DE PICAS


Se nos acaba el mes, pero no los cuentos. Vamos con el TRES DE PICAS.

De esta historia hay dos versiones: una en formato narrativo, de la que no conservo ninguna copia, y la versión teatralizada que se utilizó en la 2ª edición de EL PODER DE LA VOZ.

Un cuento donde, siguiendo la premisa típica de mis historias, las cosas no son lo que parecen. Una última conversación de un matrimonio mientras el marido prepara la maleta se convierte en toda una declaración de principios… y finales.

En el teatro, pudimos disfrutar de esta ficción sonora con dos ACTORES en mayúsculas, Elena Ruiz de Velasco y Rafa Calvo, que mantuvieron el suspense y la incertidumbre hasta el punto final.

En esta noche de luna roja, disfrutemos de los besos que se guardan en cajas para su conservación.




miércoles, 11 de julio de 2018

Siete años, siete cuentos: DOS DE PICAS


A veces llega primero la voz y después la historia. Este relato es un claro ejemplo. Continuamos con el DOS DE PICAS: “Victoria”.

Poder contar con Antonio Esquivias para la 1ª edición de EL PODER DE LA VOZ fue un lujo. Su voz da mucho juego y eso me puso las cosas muy fáciles… Lo que no esperábamos ninguno es que se creciera tanto y tanto sobre el escenario, arrancándole al público uno de los aplausos más intensos de la noche.

Un momento tan relevante como la recogida de un premio se puede transformar en un momento inolvidable para todos los asistentes a ese evento, incluida Victoria que, sorprendida y abrumada por la situación, escucha desde el público con todos los ojos puestos en ella.

De este cuento no hay grabación de estudio, ni falta que le hace, porque está claro que las mejores interpretaciones siempre son en directo y al calor del público.

Poneros vuestras mejores galas para asistir a esta entrega de premios que ya ha pasado a la historia.



VICTORIA

(La televisión nos muestra un hombre con esmoquin que sube a un escenario a recoger un premio, mientras, el público aplaude puesto en pie)

Gracias a todos… Dicen que los premios a toda una carrera suelen ser los últimos que te dan. Aprovechemos el momento…
En esta vida me he cruzado con gente buena. Muy buena. De esa que no quiero perder y que llevo aquí, en este corazón al que ya le van fallando las pilas. También me he encontrado con gente mala, grandes hijos de… que no merecen un hueco aquí.
Todos sabemos que éste es mi último premio. Está claro que ya miro la vida por el retrovisor… Soy mayor. Muy mayor. Mayor incluso para ser mayor. Y, como tal, me puedo permitir el lujo de decir cualquier cosa. Decir, por ejemplo, que nunca me he leído el “Ulises” de Joice, ni pienso hacerlo. Que la voz de José Guardiola es mil veces mejor que la de Bogart, aunque los puritanos de la versión original se me echen al cuello. Y también puedo decir que Victoria Leiva llegará tan lejos como ella quiera, no lo dudéis.
Sí, Victoria. No puedo dejar de nombrarte en éste, mi último discurso.
Te recuerdo cuando llegaste a Madrid. Una joven llena de entusiasmo, preciosa, con más jeta que talento a la hora de actuar y con un manejo en los idiomas que pronto te abrió las puertas… de todos los dormitorios. Y así, cama a cama, has llegado donde estás.
Tranquila, preciosa, aquí todos sabemos de lo que estamos hablando.
Cuando nos presentaron, te ofrecí mi ayuda sin esperar nada a cambio  y, quien me conoce, sabe que esto es verdad. Sin apenas darme cuenta, te tenía entre las sábanas y pensé que, en el fondo, no estaba tan mayor si aún conseguía despertar esos deseos en una joven como tú.
¡Error! Está claro que lo tuyo es la interpretación, preciosa. Ojala fueras  tan buena en pantalla como lo eres en el dormitorio.
Tu carrera empezó a despegar y cada vez tenías más compromisos… de cama, probablemente. Y me fui quedando en un segundo plano, tercero… hasta desaparecer de escena.
Después, te veía en fiestas, colgada del brazo del tipo de moda y yo pensaba: «¿Qué tendrá ese que no tengo yo?».
¡Éxito! Eso era lo único que tenían, éxito. Cinco minutos de gloria. Eso es lo único que buscas, Victoria, y eres capaz de cualquier cosa con tal de tener tus cinco minutos. Esa es la única razón de que hayas vuelto a mi vida, porque hoy, por este rato, yo soy ese tipo de éxito.
Pero soy generoso y, como ves, te he cedido mis cinco minutos.
En fin, termino ya, lo prometo.
Gracias por este premio, significa mucho para mí. No sólo porque me ha recordado que hay quien me quiere bien sino, y esto es exclusivamente para ti, Victoria, porque me ha servido para darme cuenta de que todos estos años deseando que volvieras sólo han sido una pérdida de tiempo. Búscate un taxi, preciosa. No seré yo quién te lleve de vuelta a casa.
Gracias a todos…

lunes, 2 de julio de 2018

Siete años, siete cuentos. AS DE PICAS


Parece mentira… pero hace siete años ya que abrí, de par en par, las puertas de este blog y, aunque últimamente lo actualizo poco, siempre ha sido lugar de encuentro y reunión. Por eso, celebremos estos siete años de locura con mis siete cuentos favoritos.

Empezamos por el As pe Picas, un clásico: “El hombre del traje gris”. Repetido y reproducido hasta la saciedad, me sigue poniendo los pelos de punta al escucharlo con la voz de Jose Luis Gil.
Un cuento melancólico y calmado, que nos envuelve y nos sitúa en esa terraza de Madrid donde, sentado y solo, vemos a un tipo de traje gris esperando la llegada de la alegría vestida de colores.
Un cuento que surgió por casualidad, tras escuchar una frase cazada al vuelo al paso de una chica que siempre llevaba diminutos  vestidos de colores.
Disfrutad o descubrid este delicioso cuento que contiene todos los colores, incluido el gris.



   Estoy cansado de mi vida, monótona, aburrida. De casa a la oficina y de la oficina a casa. Vestido de gris. Solo, siempre solo. Mi mujer se cansó de esperar a que volviera a quererla y un día, al regresar del trabajo, había recogido sus cosas, la mitad de mi vida, y se había marchado.
   Todas las mañanas, a las nueve, ficho en la oficina, un agujero donde quemo los días que me quedan, donde mis ideas caen a la moqueta sin que nadie las aproveche. Café de máquina a eso de las once y conversación absurda con dos tipos de administración de los que ni siquiera conozco sus nombres. Y, a las dos, bajo a comer a la misma cafetería donde lo único que cambia es la mesa en la que me acabo sentando: dentro en invierno y en la terraza cuando llega el buen tiempo.
   Cuando como fuera, observo la gente que viene y va: los que bajan del 43, los que entran en la boca del metro, los que cruzan despreocupados.
   Ella apareció de repente. Un día me fijé que una joven rubia, esbelta y pálida se sentaba unas mesas más allá a tomar un café, haciendo tiempo para que llegara el 43. Unas veces vestida de verde, otras de rosa, de rojo, azul…
   He coincidido con ella cada día, a la misma hora; apenas veinte minutos en esa terraza y en cuanto ve venir el 43, se levanta corriendo y sube apresurada al autobús, hasta el día siguiente en que vuelve a aparecer doblando la esquina, con sus vestidos de colores vivos: granate, celeste, lila…
   Sentado frente a ella, la miraba ensimismado, hasta que un día comenzó a saludarme, sin más, sólo por el simple hecho de vernos a diario en esa cafetería.
   Es increíble cómo se ilumina la calle cuando ella dobla la esquina, contagiando alegría. Y al pasar por mi lado, casi rozándome, con su saludo sonriente, consigue arrancarme una respuesta tímida. Y al ver a lo lejos el 43 enfilar la avenida, se levanta deprisa y me grita un “hasta mañana”. Y entonces veo un vestido de color intenso correr a la parada y perderse entre la gente.
    Todos los días espero con ganas que lleguen las dos para ver de qué color iluminará mi día ¿Naranja? ¿Morado? ¿Amarillo?
   He decidido dejar de vestir de gris. Me he comprado una camisa nueva, roja, por ver si hoy coincidíamos los dos en elegir el mismo color. Entonces, me acercaré a ella para invitarle a un café y hablaremos de las coincidencias, de los colores… Y, antes de que salga corriendo a coger el 43, la invitaré a cenar. Y quedaremos esa noche, vistiendo del mismo color. Cenaremos y, de la mano, la acompañaré a su casa, donde nos despediremos con un beso que invite a algo más...
   Por fin son las dos. He bajado a la cafetería con mi camisa nueva de color rojo, pero hoy se retrasa. Quizá se encontró con alguien, quizá ha ido a otra cafetería con ese alguien… Pasan los minutos pero ella no aparece. Veo enfilar el 43 por la avenida. Me impaciento y miro ansioso el reloj… Gris. Gris…
   Me doy cuenta de que todo aquello es absurdo. Nunca nadie como ella se va a fijar en alguien como yo, un hombre gris que por un momento intentó llenarse de color, pero en el fondo sigo siendo gris. Lo sé.
   Ella no va a venir. Ni si quiera imagina que la estoy esperando, que desde hace un tiempo es lo único que me levanta de la cama. Sólo soy alguien al que saluda, al que nunca ha prestado atención. Por eso hoy no ha aparecido, ni va a aparecer. Estoy convencido de que si se hubiera acercado a mí habría acabado siendo como yo, pesimista, aburrida, triste, amargada…
   Veo inquietarse a los camareros que suben nerviosos el volumen de la televisión. El telediario habla de una joven que se ha arrojado al paso del 43. Sobresaltado, corro al interior de la cafetería para ver lo que está pasando. Apenas unos segundos, no consigo distinguir las imágenes, sólo un vestido de un rojo intenso que contrasta con el gris del asfalto.


martes, 6 de febrero de 2018

¡Ojo a los Goya!


 Martes. Frío. Muy frío. Es de noche. La ciudad se colapsa y se hiela, a partes iguales.
Ya sé que mi taxista de cabecera estará atrapado en el atasco, que este no es un buen día para sentarnos a charlar y que parezco un bulto sospechoso, en lugar de una persona: con mi bufanda de cuadros rojos y un abrigo que amortiguaría una caída desde el piso 42… Pero estoy calentita y tengo ganas de comentarte los últimos acontecimientos.
No me niegues que el sábado noche, con el frío que caía, te quedaste en casita, pegado a la televisión, para disfrutar de la Gala de los Goya.
Yo sí, lo confieso, con mis palomitas y mi móvil cerquita, que estas cosas no se ven con la misma intensidad si no sacas la cabeza al patio de twitter, para dejar constancia de lo que opinas, aunque no le interese a casi nadie.
La gala empezó con intención de divertir… Pero esa intención se desvaneció en el momento en que los presentadores abrieron la boca. No debe ser fácil llevar con buen ritmo una gala como esta, pero está claro que Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla han conseguido lo que nadie imaginábamos que se podía conseguir: que hubiera plegarias en las redes por la vuelta de Dani Rovira.
Los más jóvenes del lugar —y te incluyo a ti, joven padawan—, quizá no recordéis los tiempos en los que Rosa María Sardá hacía vibrar al personal con su particular forma de llevar la gala. Desde aquí —y esperando que secunde la moción mucha más gente—, ruego a quién corresponda que vuelva la Sardá para ediciones futuras.
Dicho esto, fue una gala reivindicativa, donde se habló mucho de la mujer y por la mujer, aportando una colección de datos que pondrían rojo al más pintado. Pero, en mi opinión, con exceso de zascas al sector masculino que aguantó con una sonrisa casi todos los comentarios, y que en algunos momentos eclipsó la razón de ser de la propia gala.
Muy bonito y llamativo el detalle de los abanicos rojos… Aunque, para la próxima, pónganle la tilde. LAS MAYÚSCULAS TAMBIÉN SE ACENTÚAN.
Geniales, a mi parecer, las mujeres que salieron a presentar y que tuvieron tiempo de hacer su discurso. Personalmente, me quedo con Paquita Salas. «¡Ole tú!».
Detalle feo, como siempre, el momento del recuerdo a los que ya no están. Cierto es que lo de los aplausos es un agravio comparativo que no se puede controlar. El público aplaude, porque lo siente así, y no se puede coartar su libertad a la hora de emocionarse. Pero yo me centro en una petición más sencilla de subsanar y que llevamos años demandando: una voz en off que vaya leyendo cada uno de los nombres. Es algo que agradecerá mucho la gente de mi club (ciegos, invidentes, discapacitados visuales… como nos quieras llamar) y todos aquellos que, por uno u otro motivo, tampoco acierten a leer la pantalla. Y no me vengas con la excusa de la lentitud, que en tres horas debería dar tiempo a todo.
Pero vamos a lo importante: ¿quién se llevó el gato al agua? Pues tres películas que son para chuparse los dedos: ‘La librería’, ‘Handía’ y ‘Estiu 1993’. En inglés, euskera y catalán… ¡Y qué viva la diversidad y la madre que los parió!
Que todo el mundo debería hablar inglés, está claro, pero no es así. Que el catalán se puede entender si nos fijamos en el contexto, puede ser. Pero, dime una cosa: ¿cuántos conoces que hablen euskera? Esto nos demuestra que el cine español no es solo en castellano y, por tanto, todas estas películas se han tenido que doblar para  su consumo generalizado.
Entonces, señoras y señores Académicos: si las películas han sido dobladas para su distribución en la mayoría de los cines… ¿me pueden decir el nombre del gremio artístico que se dedica a la traducción sonora de una película? ¡EXACTO, EL ACTOR DE DOBLAJE! Ese que no tiene  un premio asignado en su gala, ese que nunca es tenido en cuenta cuando se ondea la bandera del “cine español” y ese que, si ha fallecido, quizá aparezca fugazmente en el momento “in memorian”.
Señoras y señores del cine, a ver si se van dando cuenta de estos detallitos. Claro que yo sólo soy una chica ciega, en un banco, soltando una perorata a quién la quiera escuchar. A nosotros nunca se nos tiene en cuenta, aunque nuestras opiniones sean verdades como puños… Puños como ese que acabó por aplastar a los presentadores y que puso fin a una gala para recordar por lo reivindicativa y no por divertida.
En fin, que hace demasiado frío para que sigamos aquí charlando y mi taxista ha conseguido venir al rescate.
No dejemos pasar tanto tiempo sin coincidir en este banco.
Nos vemos.
Lucía.

viernes, 2 de febrero de 2018

Artículo de Lucía: Porque un libro no es sólo de papel

Sentada en mi banco, a la espera de mi taxista de cabecera, disfruto leyendo el último libro de Millás.
¿Que cómo leo si no puedo ver? ¡De muchas maneras! Nunca te lo he contado porque no quería darte envidia de todas las posibilidades que tengo a mi alcance. Y es que, por suerte, un libro no es solo de papel.
Está la opción clásica: en braille. Es lo más parecido a leer “en tinta”, solo que usas los dedos en vez de los ojos. Pero no es práctico, no es funcional. Un libro en braille ocupa mucho. Por ejemplo: “El Principito” que en papel apenas ocupa las 70 páginas en un formato de bolsillo, en braille se convierte en un armatoste de 35 cm de alto, por 27 de ancho y con un grosor de unos 3 cm.
Yo leo en braille de vez en cuando, por ejercitar el tacto. Pruébalo un día, busca una caja de medicamentos, por ejemplo, y desliza el dedo índice por esos puntitos incongruentes… Las yemas de los dedos son capaces de aprender a decodificarlos. Aunque pienses que es difícil, no lo es. Cuando quieras te doy un curso intensivo y verás el partido que se le puede sacar.
Otra opción que cada vez está más extendida, seas ciego o no, es el audiolibro. Una “biblioteca sonora” que te acompaña allá donde vayas. Voces de calidad leyendo solo para ti, envolviéndote con sus palabras y contándote una historia que el autor ha inventado a base de mucho esfuerzo y creatividad.
El problema es que, para ambas opciones, toca esperar un tiempo prudencial a que el libro esté “traducido” a estos formatos. Desde el momento que encargas la adaptación hasta que llega, pueden haber pasado meses… Con el consiguiente riesgo de que, algún spoiler de los que viven agazapados por la ciudad, ya te haya venido a destrozar la historia.
Por suerte, hay una tercera opción que elimina esta tediosa espera: el libro digital. Y aquí quiero que escuchen bien atentos aquellos detractores de este formato, para que entiendan  por qué no deben librar una batalla contra esta opción, ya que, para muchos, es la única manera de poder tener “a mano” todo lo que se publica, al mismo ritmo que los demás.
El libro digital te permite llevar toda una biblioteca en tu dispositivo. Solo se necesita una sencilla aplicación que lee en voz alta, con voces cada vez mejores, fluidas y agradables, dándonos la opción de poder escoger entre masculina o femenina, la velocidad, el tono, el idioma… Y así, disfrutar de un ejemplar recién horneado y leerlo cuando aún es noticia.
Las nuevas tecnologías, señores, es el futuro y la inclusión absoluta, si ustedes quieren.
No todo el mundo es partidario, por la piratería, por la idea romántica del libro como objeto y por eso de que “hay que leer en papel”. Y tienen razón, a mí me encantaría, de verdad, pero puesto que no puedo, que no me entornen las puertas de un mundo que está ahí esperando a que lo viva con la misma intensidad que ellos.
Sin duda, leer en “tinta” es maravilloso. Sentado en un parque, en el autobús o en la cama antes de dormir, asimilas las palabras dándolas la entonación que quieres, hueles el libro, lo tocas, suena al pasar las páginas, te llena las manos y tus ojos corren ligeros por los renglones, devorando una historia que te ha atrapado y que no tiene pensado soltarte hasta que tú no acabes con ella.
Es fantástico, algo mágico, de las mejores cosas que podemos hacer en esta vida… Pero, cuando se te gastan las pilas y vives en un perpetuo fundido a negro, hay que buscarse otras maneras de disfrutar de esas historias. No es ni mejor ni peor, es distinto. Diferente. Y en esto, como en casi todo, hay que respetar y entender que “cada uno sube las escaleras como quiere” (o como puede).
Viene mi taxi. No dejes de leer, es bueno en y para todos los sentidos.
Nos vemos.
Lucía.

Imagen:

https://minimoon.deviantart.com/art/Wall-to-Wall-books-60550365

jueves, 25 de enero de 2018

Viejas películas


Llevo años viviendo con un hombre que ya no me quiere. Apenas me habla, si acaso para preguntarme qué hay para cenar o si ya está planchada su camisa azul.
Al principio me dolía. No entendía cómo había cambiado tanto, él que siempre fue tan atento conmigo. Supongo que había perdido mi atractivo. Los años no pasan en balde y, sin darme cuenta, los míos me habían atropellado al doblar la esquina. Las hechuras de mi cuerpo habían perdido su forma original. Ni las dietas ni el pilates habían sido suficientes puesto que ya no conseguía alimentar su deseo. La monotonía se había apoderado de mis conversaciones. Los problemas de mi trabajo o los quehaceres domésticos vivían apostados en mi boca y, lógicamente, eso acaba agotando a cualquiera.
Él también había caído preso de la rutina. Nunca se cuidó demasiado pero, al menos antes, me hacía reír. Ahora, me conformaba con que no me hiciera llorar.
Para él todos los problemas de la casa tenían comienzo y final en mí. Yo los había creado y yo debía resolverlos, por la cuenta que me traía. No es que viviera bajo amenaza, ni mucho menos, era sólo que prefería acabar con ellos antes de que ellos acabaran conmigo.
Esa situación se hacía inaguantable por momentos. Siempre discutiendo. Siempre enfadado. Me pasaba más tiempo en la cama compadeciéndome, que en pie disfrutando de mis treinta y tantos, mal llevados según él.
Para colmo, la maldita crisis económica se estaba llevando todo por delante y mi marido acabó en un trabajo que le gustaba aún menos que yo.
En mi caso fue diferente, me surgió la oportunidad de dar conferencias sobre el positivismo y la mejor manera de afrontar los problemas. Tenía gracia, yo dando consejos de cómo superar los malos momentos. Pero es lo que tiene cuando de tu pared cuelga un título de licenciada en psicología. De las primeras de mi promoción. Aquella Clara sí que aspiraba alto, muy alto. Suerte que apareció mi marido para recordarme que mi sitio estaba en la cocina.
Ahora viajo mucho. Y casi mejor, el ambiente en casa es irrespirable. Nunca quiere salir, ni tampoco hablar. Si le ignoro se enfada y si le hago caso también. Con lo que la mejor manera de estar es no estando.
He llegado a la conclusión de que ya no puedo aspirar a más. Tengo casa, un buen trabajo, un compañero de piso al que cuidar -y no hablo del perro-, poco tiempo para echar en falta el amor, vamos, que lo tengo todo. Ya no necesito sentir deseo ni sentirme deseada. Cuando quiero recordar lo que es amor, me pongo una de esas viejas películas donde las chicas guapas conquistan a hombres interesantes y se dicen frases como "no quiero perder la oportunidad de conocerte".
Y así mi vida va bien, tranquila, centrada. No pierdo tiempo ni esfuerzo en cosas inútiles como despertar interés en otros o estar enamorada. Eso son cosas que no pasa.
Me encanta mi trabajo. Además, las conferencias me obligan a dormir en Barcelona al menos un par de veces al mes. Es una suerte poder trabajar allí. La ciudad es acogedora y mi empresa me ha buscado un buen hotel. Ya soy casi como de la plantilla y hasta el director me trata de tú. Es un hombre serio, de pelo canoso. No tendrá más de cuarenta y cinco, piel morena y cuerpo cuidado. No me extrañaría que matara parte de su tiempo en ir al gimnasio del hotel. Huele siempre a after shave y tiene una sonrisa blanca y perfecta. Un tipo interesante, sin duda.
Tiene gracia cómo, en apenas cinco minutos, alguien consigue llamar tu atención de una manera tan intensa. Al principio, no quise darme cuenta, pero reconozco que acabé buscando la manera de coincidir con él, a mi llegada o antes de marcharme, todo con tal de cruzar un par de frases cordiales y sin fondo.
Ahora vuelvo de allí, de Barcelona. Voy leyendo una de esas novelas pastelosas de Corin Tellado. Mi gesto es de fastidio, y no porque en la novela la chica llore desconsolada porque el guapo de turno la haya abandonado, sino porque hoy no pude despedirme como de costumbre de él. Cuando bajé, no estaba en recepción y el taxi ya me esperaba en la puerta con el taxímetro en marcha. Le dije a la recepcionista que se despidiera por mí y salí volando para no perder el AVE.
Tampoco es tan grave, en un par de semanas volveré y coincidiremos. Le preguntaré si le gustó la película que le recomendé y le daré las gracias por el soplo sobre la exposición de Tàpies, aunque no me hubiera venido mal haber ido con alguien más ducho en el tema, como él...
No. Esas cosas no pasan.
Mis pensamientos vuelan tan rápido como los postes que acompañan a la vía del tren, cuando el teléfono móvil despierta escandaloso dentro de mi bolso.
—¿Sí?
—Hola, Clara. Soy Moisés...
—¿Quién?
—Moisés Arias, el director del Hotel…
—¡Ah, sí! Dime. ¿Me he dejado algo?
—No, no. Perdona que haya buscado tu teléfono en la base de datos, pero como no nos vimos esta tarde…
—Ya. Cuando salí no estabas y el taxi me estaba esperando en la puerta. ¿Qué querías?
Ha sonado demasiado cortante. El silencio al otro lado del teléfono le da tintes de suspense a la conversación.
—Bueno, yo…  —titubea—. Vaya, en mi cabeza parecía más sencillo…
No puedo evitar soltar una risilla inocente pero, en el fondo, nerviosa. ¿Acaso es uno de esos personajes locos que se ha escapado de las páginas de mi libro pasteloso? Carraspeo:
—Perdona. Continúa, por favor.
—Bueno, es sólo que voy a Madrid la semana que viene y me preguntaba si te apetecería tomar un café conmigo. Si puedes. Si quieres…
No sé qué contestar. Nunca he vivido un momento como este, parece sacado de una de esas viejas películas a las que me he enganchado para olvidar lo asquerosa que es mi vida. Un hombre guapo e interesante me está llamando a mí. ¡A mí! Estoy convencida de que tiene gente más que de sobra para tomar un café. Pero me llama a mí, una treintañera pasada de kilos a la que hace siglos que nadie saca a tomar ni el aire. Al otro lado, Moisés espera inquieto mi respuesta. Quizá sí tengo algo que ofrecer. Quizá todavía estoy a tiempo. Pero mi lógica aplastante toma las riendas de la conversación:
—Estoy casada.
—Lo sé.
—Hace mucho que nadie me lleva a tomar nada a ningún sitio.
—Algo intuía.
—Sé sincero. ¿Por qué me llamas? Pero nada de contestar eso de que sólo es un simple café. A esta edad todos sabemos que es un mero trámite previo a quitarme la falda. ¿Por qué yo? ¿Por qué conmigo?
Mi pregunta le pone aún más nervioso o quizá es sólo que se calla para que no surja desbocada una posible carcajada. Le oigo tomar aire:
—Bien. Quizá tengas razón o quizá te equivoques… Yo sólo sé que, desde que te vi, me pareciste una mujer increíble. Despiertas en mí un cosquilleo que hace años que no sentía. Supongo que no debí llamarte y que, seguramente, estoy haciendo el ridículo por decirte esto… Pero tenía que intentarlo. Tienes algo… No sé… No quería perder la oportunidad de descubrir qué era.
Y por fin, después de meses, años sin hacerlo, me sonrío. Noto cómo me voy sonrojando, despertando la curiosidad del resto de pasajeros del vagón. Y no puedo por menos que aceptar ese café.
 
Cuento extraído del libro “Con nombre propio”, Premio Tiflos 2013.çhttps://www.bubok.es/libros/241822/Con-nombre-propio

jueves, 18 de enero de 2018

No hay dos sin tres... EL PODER DE LA VOZ

Volvamos la vista atrás para recordar la 3ª edición de EL PODER DE LA VOZ y todo lo que supuso.
Ciertamente, la saga continúa y, jugando con esta idea, quisimos constatarlo a la hora de elegir los actores y actrices que formaron parte de la tercera edición. Los Jara, los Jenner, los Cantolla y los Mediavilla son una muy buena muestra de la calidad transmitida de padres a hijos.
Si te perdiste la oportunidad de verlo (y sentirlo) en vivo y en directo, aquí te dejo el evento al completo, para tu disfrute.



O si lo prefieres, aquí van “en pildoritas” cada uno de los textos que preparé para la ocasión.
Empezamos fuerte, recordando a Constantino Romero. Sus trabajos como actor de doblaje y como presentador, su carisma y su carácter, sus frases y lo que nos han despertado a lo largo de una vida que se truncó demasiado pronto. De la voz de Jesús Olmedo hacemos un merecidísimo homenaje al Maestro porque se lo merece, porque estamos en su tierra y porque, a pesar de los años transcurridos, le echamos de menos como el primer día.



Los Jara, Sandra e Iván, nos llevaron a una estación de tren, de cualquier ciudad, donde una joven espera o desespera, mientras es observada por uno de los vigilantes de seguridad que patrullan por el recinto. Ironía, cinismo y presuposición mezclado con unos timbres de voz que nos arrancan una sonrisa amarga y nos despiertan emociones empáticas al vestirse de unos personajes que, cualquiera de nosotros, podemos encontrar mañana en nuestra estación de cabecera.



Los Jenner, David y Miguel ángel, nos llevan de paseo en un taxi en el que, como si de una película se tratase, vemos la transformación mágica y sentimental de los personajes. Ternura y franqueza sobre ruedas de la mano de padre e hijo. Una historia de final suave, lento, pero  plausible, donde se nos muestra una realidad al desnudo.


Los Cantolla, Héctor y Gustavo, nos introducen en la agobiante atmósfera de una casa en la que un escritor intenta terminar la novela de su vida. Tensión, terror, humor negro y surrealismo encerrado entre cuatro paredes donde LA VOZ, nunca mejor dicho, se hace imprescindible para seguir y comprender la historia. Un cuento que, por primera vez en EL PODER DE LA VOZ, es interrumpido por el aplauso espontáneo del público que se dejó llevar por la historia y por los actores que la dieron vida.


Los Mediavilla, Nuria y Jose Luis, con la colaboración “en diferida” de su padre Pepe Mediavilla. Un cuento a tres bandas donde el sarcasmo y la mordacidad luchan por el control de una empresa de publicidad. Lucha de sexos, lucha de carácter, lucha cotidiana que no es más que el reflejo de la realidad que se esconde tras los cristales de cualquier rascacielos de cualquier ciudad.


Os aseguro que fue una edición única, cargada de sensaciones, de momentos para recordar, de anécdotas, con alguna que otra ausencia y con un público entregado que no quería abandonar las butacas. Por ese motivo, el presentador de la gala, Jesús Olmedo, acabó por invitar a las parejas de actores a que tomaran la palabra, para deleite de los allí presentes.
Espero que la magia que vivimos en Talavera aquella noche traspase la pantalla y os haga vibrar y emocionaros con las voces que llenaron el Teatro Victoria.


domingo, 31 de diciembre de 2017

Brindis

Parece increíble, pero ya han pasado 365 días desde nuestro último brindis… Y, aunque la copa nos pese, no debemos dejar de brindar, por nada ni por nadie.
Todos los recuerdos se precipitan, como las últimas horas de este año completo y complejo, que se nos escapa entre los dedos con la sensación de haber dejado temas pendientes, llamadas pendientes, palabras pendientes, besos en espera y algún que otro tren perdido por no saber llegar a la hora.
Nos vienen sabores a la boca: de palabras que dijimos y sentenciaron; de palabras que no dijimos y se mueren por ver la luz; de besos que dimos y se perdieron, y de besos que esperan el momento de ser dados.
Pero nos prometemos que este 2018 será diferente, que haremos esto o aquello. Que empezaremos ese libro. Que abriremos esa puerta. Que  volveremos a ese lugar. Que llamaremos a ese amigo que lleva todo el año esperando nuestra llamada, porque la necesita, porque nos necesita, porque estamos tan ocupados con nuestra vida que se nos olvida que los  demás también tienen la suya…
¡Y, realmente, estamos a tiempo de cambiarlo!
Por eso toca brindar, señores, sin duda. Por un año nuevo repleto de promesas que, esta vez sí, cumpliremos liberando nuestra famosa lista de temas pendientes.
Brindemos por un perdón a tiempo y un tiempo de perdón.
Brindemos por los nuevos proyectos que llenarán las páginas de nuestra agenda.
Brindemos por los besos con luz y taquígrafos, por los abrazos que cuidan y curan,  por los viajes que nos llevan lejos, muy lejos, donde los problemas no consiguen encontrarnos.
Brindemos por las nuevas historias, que nos harán vibrar, y por las viejas, que nos hacen vivir.
Brindemos por los que están lejos, para sentirlos cerca.
Brindemos para que en este 2018 también tengamos tiempo de cometer errores y aprender de ellos.
Mis criaturas y yo os agradecemos el tiempo dedicado, el odio destilado y el cariño que os hayamos podido despertar. Os deseamos un año lleno de cosas buenas, de días importantes y de sensaciones que os despierten todos los sentidos.
Y os pedimos que no dejemos nunca de brindar: con una copa, con una jarra, con un chupito… porque, a veces, un simple brindis nos puede cambiar la vida.

¡Feliz 2018!

Cat.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Un, dos, tres...



Que “no hay dos sin tres” es un dicho popular que nos viene al pelo…
Esta semana ha visto la luz el cartel de la 3ª edición de “EL PODER DE LA VOZ” (la saga continúa).
Y nunca mejor dicho esto de “saga”, puesto que este año subirán al atril sagas familiares del doblaje español.
Los Cantolla, los Jara, los Jenner y los Mediavilla son un claro ejemplo de que la pasión por este trabajo también va en los genes.
Como ya es tradición, el evento tendrá lugar en Talavera (en el Teatro Victoria), el 28 de octubre. Habrá música, habrá voces y habrá cuentos que cuentan.
Mis criaturas están emocionadísimas, (como locas, os lo aseguro), por tener nuevos actores y actrices que les den voz y vida.
Os dejo el cartel para vuestro deleite y os aviso de que las entradas ya se han puesto a la venta. Yo que vosotros iba reservando butaca para no perderme nada de lo que suceda esa tarde.
Nos vemos allí.